……………..Frente a la fragilidad. Al reconocer así, en forma certera y precisa cuán pequeños e insignificantes somos frente a la naturaleza, eso es lo que me ocurrió en esta semana que termina. Algo que se inicia como una aventura o una especie de “mini-vacaciones”, frente a una invitación: “hay un cupo en una cabalgata a la cordillera, frontera con Argentina”…..y mi arrebato frente a una idea que me estremeció las vísceras…”sí”…..pero luego viene el cuestionamiento, habitual en mi cabeza ¿pero, cabalgata…y yo nunca me he subido a un caballo, a no ser en mis sueños, cuando adolescente, cuando galopaba junto a mi príncipe azul”…..cabalgata y, de paso, sueño ya desterrado al olvido frente a la realidad del post-modernismo, donde todo es desechable, incluyendo las relaciones y los afectos…..bien., opciones no había, excepto llamar y enfrentar o morir en el intento. Finalmente confesé y me dicen “no te preocupes, el año pasado ha ido una mujer de 52 años, que nunca había cabalgado”….pues, - y aquí viene mi ego que de golpe me incita – si ella pudo, yo puedo.
El domingo, de madrugada, me embarco en esta casi travesía (no fue travesía, porque – según conversamos con un amigo- travesía es ir por una ruta y regresar por otra diferente, lo que no ocurrió en este caso, en que la ruta fue la misma de ida y regreso). Al principio, traslado en minibús a Putaendo, luego, vehículo 4x4 hasta el Paso Los Patos, y bueno, un poco más arriba….y allí montar a una hermosa yegua “Gomita”, que fue mi compañera durante horas, horas en las que se mezclaba la admiración y también, la certeza de la inminencia de la muerte, atravesando estrechos senderos, en plena cordillera, con acantilados que mostraban a mis ojos, la belleza indómita de un paisaje en extremo bello y desolado….todo, por suerte, bajo la supervisión de varios arrieros y carabineros expertos en alta montaña.
Fue un viaje inolvidable……………no sólo para mis ojos y mis pensamientos, sino también para mi cuerpo y, en especial, mis piernas.
Pese a ello, me estremeció no sentir miedo, y claro, en mi situación, quizás era extraño, pero entendí que el miedo que siento, que he sentido, se asocia más bien a personas y acciones-sentimientos de otr@s como yo y no frente a situaciones de riesgo frente a la naturaleza…………..vendrán nuevas historias y aventuras?....tal vez, pero nunca será como ahora, porque la osadía de atreverse y verse sólo se puede tener una vez….las próximas, serán notas que acompañarán el son que comenzó esta semana que ya termina y se lleva mi aventura, no de mis recuerdos ni de mis pensamiento, sino de mi cuerpo…………
…….parece que aún escucho el río azotando sus aguas contra las rocas y el viento rugiendo en mis oídos bajo el cielo más limpio y estrellado que he contemplado en los últimos 5 años……………….viaje por constelaciones y por mundos que había olvidado.

















Qué bueeno...
Acabo de escribir un artículo sobre el miedo y te leo. Qué coincidencia....tengo la sensación de que realmente gozaste al modo zen, con tus pensamientos quietos, en silencio. Felicidades.
Un abrazo y un gusto conocerte.
Haroldo Miranda