
…………………….de
regreso, un nuevo viaje y cada vez ( y temo ser reiterativa, pero es el curso
de los acontecimientos en mi vida), la certeza de que mi destino tiene intrínsecamente
ligado el partir, el regresar, algo como “el eterno retorno” (curiosamente seme viene a la cabeza este
título de M. Serrano……………a pesar de). Una viaje en barco, en un barco de la
armada, de esos en que sólo puedes sentarte en cubierta, en el piso, bajo el
alero de las sombras que te brindan antenas y otros artefactos imprescindibles
para la navegación (según me dictamina el sentido común), y donde el mar se
visualiza como el rey y señor y la pequeñez de la vida, de mi vida, aflora
nuevamente ante tanta majestuosidad y fiereza. Así, contemplando la belleza
indómita del oleaje, bajo el regalo de divisar un par de ballenas en el
trayecto de ida, me entrego por completo a la contemplación……………….y es que estar
en medio del azul, donde todo lo que me circunda es de ese bello color, es una
experiencia de una belleza y una fuerza increíble.
Y claro, debo partir admitiendo que yo siempre
tuve la idea – en mi imaginación por lo menos – de que tenía que viajar en
barco (a pesar de que a penas si logro flotar en el agua), porque el mar es
terreno de guerreros y es, a la vez, sinónimo de vida, de transmutación, de
evolución, de destrucción y de construcción, pero el hacerlo así, durante 27
horas de ida y otras 27 de regreso, cambia la visión, cambia mi visión, sí,
porque cuando navego/gué, siento la fuerza de la vida allí, latente, emergiendo
por mi cuerpo, por mis ojos y, a la vez, siento la inminencia de la muerte, no
como algo negativo o digno de temer, sino como parte del ciclo y como destino
inevitable frente al proceso de ser/estar acá.
Camarotes
apilados en filas de 5, separados por espacio reducidos de no más de un metro,
bajo un montón de tuberías que sólo transmiten un calor que abruma por la
noche, y, como música de fondo, el sonido del mar golpeando fieramente contra
en casco del barco………………las mujeres van y vienen, algunas con el mareo que les
arranca la bella imagen que se imponen como viajeras, otras, preocupadas de la belleza, poniéndose
artefactos extraños en el pelo, o planificando el día que se avecina………..los
baños diminutos y las duchas, pequeñas, pero dignas y lo mejor, con agua
caliente (debo reconocer que lo supe sólo por referencias, pues nunca me animé
a meterme en ellas, no por temor, sino porque viajar tenía que ser, para mí,
una experiencia a concho, de esas en que aperrar hasta el máximo y en el que te
la juegas por verlo todo y por dejar, en la medida que te es posible, todo lo
citadino de lado.
Y
de pronto, allí, en medio del mar infinito………………..tierra y yo me siento como
un/a navegante de la edad media,
avizorando tierra luego de meses de navegación……………..y en frente, la belleza de
la isla Robinson Crusoe, un reencuentro añorado para mí, un camino a la paz que
acompaña el olvido del teléfono móvil, del navegar continuo por internet, del
estar atado al teléfono de red fija. Las personas en medio del ajetreo de la
celebración del aniversario de a isla………………… una experiencia inolvidable, con
tradiciones de los isleños, fuegos de artificio (no como los que acostumbramos
a ver para el año nuevo en Valparaíso,
pero bellos en su simpleza y en su breve duración), mucha comida y bebida,
música, artistas:el infaltable grupo Dresdén, con las canciones que ya son casi
un himno allí, grupos de visitantes de otra ínsula……………Isla de Pascua, con su
música y sus bailes, y la algarabía propia de una celebración.
No,
creo que no logro expresar con palabras las vivencia que me traigo, las
fotografías que guardo bajo la mejor cámara que poseo……………….pero sí, mencionar
que me invaden las nostalgias……………..regresar es bello, porque en el continente
habitan las personas que amo, pero en la isla se quedan añoranzas, sueños y
vivencia que me hacen sentir, con la panza, más que con la cabeza, que
regresaré………………..mientras, mientras me quedo con los aromas, los colores, las
sensaciones, grabadas como un tatuaje en mi piel, en mis sentidos, en mi
memoria………………..algo atávico me liga a la vida insular, como si fuese parte de
mis patrones, de mis vivencias………ancestrales?, puede que, o quizás simplemente
sea el nexo inexorable de mi “ser ermitaña”……(pero a medias, claro, si soy occidental
y citadina), con el espacio justo pa’ sentirme a mis anchas……………………..pero sí,
sí, es sólo de palabras, porque conservo aún el lazo que me une, no sólo al
continente, sino al “ser/ser social”………………….espacios diferentes, contextos
distintos, vidas distantes, nostalgias
entrecruzadas, y la espera que sigue…………………….
















