…………..que la felicidad permanente podría inmovilizarnos y mantenernos en un letargo suave y dulce, pero incapaz de conducirnos a, de incitarnos a…………..búsqueda, buscamos lo que necesitamos, consciente o inconscientemente, nos adentramos en los misterios que necesitamos develar, hurgamos los mundos que nos pueden entregar algo que nos interesa, navegamos los océanos que nos conducen a las tierras que hemos elegido para llegar. Debiera entonces no asustar la infelicidad, el sufrimiento, pero, culturalmente parece que sí, porque mencionar siquiera el que me/nos encontramos triste/s, es casi como declararse convaleciente de una enfermedad terrible, frente a la cual, todo el mundo se empeña en ayudar/nos, con indicaciones de todo tipo: “que no estés triste”, “que busques algo que hacer”, “que vayas al psiquiatra por unas píldoras”, en fin, deslegitimamos el sufrimiento, la tristeza del otro/a, aunque sólo sea pasajera, aunque sea quizás el camino para encontrar aquello se busca, que se necesita……….no, no es posible estar/sentirse triste, algo anda mal si así es.
El valor social que se le otorga al estar feliz, alegre resulta ser una carga difícil de sobrellevar, porque es mejor decir que se está bien, a tener que comenzar a dar explicaciones y casi pedir perdón por sentir tristeza………..y buscar, porque la tristeza incita a la búsqueda, a la indagación, a la introspección. Quizás tenga relación también con el temor de encontrarse de frente con uno/a mismo y reconocer lo que somos y asumir, quizás, que lo que vemos, no se asemeja demasiado a la imagen que nos hemos intentado armar durante el transcurso de nuestra vida…………mantener la coherencia es parte de nuestras tareas……….aún pese a las señales de alerta que puedan surgir en el camino.
Y de pronto viene la pregunta de esta cavilación…………..a pito de qué?............bien, pregunta que lleva a la búsqueda e introspección…..y a reconocerme, quizás triste….ayer, hoy y tal vez mañana.
Leí en un libro de Kundera (y sí, es claro que me gustan sus libros), algo realmente increíble respecto a la tristeza o infelicidad:
“ La base del yo no es el pensamiento sino el sufrimiento, que es el más básico de todos los sentimientos” , y luego “El sufrimiento es la universidad del egocentrismo, y no es sólo la base del yo, su única prueba ontológica indudable, sino que es, de todos los sentimientos, el que merece mayor respeto: el valor de todos los valores”.
Y claro, es de la sintomatología, de la desazón, desde donde surgen las posibilidades de evolución y cambio. Así, el sufrimiento, siendo una de las emociones fundamentales y básicas, se transforma en un gran motor, un impulso a……………pero como todo impulso, como todo movimiento, como toda empresa, el resultado puede no siempre satisfacer nuestras expectativas y, en el movimiento, podemos reconocer/nos y, como pasa al mirarnos frente a un espejo, o alegrarnos , o sentir que el espejo miente, que no somos el reflejo que se ve…………….
















